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Shotainá o cómo vivir a través de los sueños

Economía Social, Pueblos Originarios

Por Stefanía de la Fuente y Gustavo Contrera | Andrés Cettour conoció a Agustín Gómez, Cristian González, Iván Lorenzo, Juan Yoqui y Ariel Benítez en el Centro de Alfabetización y Educación Básica para Adultos N°212, que funciona en el Centro Comunitario «La casita de Pepe» del barrio Santo Domingo, en Santa Fe, donde fue su docente de educación primaria. Allí forjaron el vínculo que hoy sostienen y que permitió que, después de que la suplencia de Andrés se terminara, siguieran en contacto y gestaran este proyecto llamado Shotainá.

¿Qué es Shotainá? ¿Qué significa para ustedes?

— Andrés: Shotainá significa «estoy aquí». Estar aquí, para el Qom, es estar en presencia, en armonía con las cosas y los seres. El estar ya es una forma de manifestarse, si están en un lugar es porque allí se sienten bien y porque las apariencias se lo permiten (con las apariencias, me refiero a los espíritus de animales que se les presentan para darles señales). Para que estén relacionándose con alguien tiene que ser una persona de buen corazón. Dar lugar es todo un tema, es pasar por el espíritu sin reveses, sucede cuando te hacen un lugar dentro de su corazón.

Shotainá siempre ha vivido en nosotros. En los chicos el libro ya vivía, solo que ellos no lo sabían. Estaban las historias dando vueltas, las casas que estamos haciendo ahora, siempre dieron vueltas en algún plano. Lo único que había que hacer es quitar los obstáculos del medio, los temores, dejar de pensar que no tiene valor lo propio y también encontrar los oídos necesitados de todo esto, darnos cuenta de que había gente a la que le interesaba.

Antes, ellos tenían que estar rogando para que les compren un canasto y de repente esa misma ciudad, que ellos veían rechazarlos, estaba de pie aplaudiéndolos. Para los chicos el «criollo» era una cosa aparte, que no se relacionaba desde este lugar de amor sino sólo desde un lugar de intercambio.

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Iván Lorenzo, sostiene La canción de Qomlashi confeccionado e ilustrado artesanalmente.
Fuente: @shota.ina

¿Cómo comenzaron con el proyecto de construcción colectiva?

— Andrés: En 2018 yo escribí La canción de Qomlashi, que publicamos con la Editorial Fundación La Hendija (Paraná) y ahí los invité a los chicos para que se sumaran con sus cuentos. Cuando las chicas de la Editorial Legüera Cartonera vieron esto les pareció maravilloso. Empezamos el proyecto de construcción con una ladrillera. Entre res o cuatro personas juntamos $13.800 y con ese capital arrancamos, compramos los moldes, unas palas e hicimos los ladrillos. Por eso las dos primeras casas son de ladrillo, quemamos 13.000 y vendimos 8.000 con lo que compramos las herramientas que necesitábamos para construir.

Para la tercera ya era difícil conseguir los materiales, además veníamos hablando de ser más amigables con la naturaleza. Justo se sumaron las chicas de Kiva Comunidad que nos enseñaron de bioconstrucción, se coparon con el proyecto y nos alejamos de esos materiales duros que son nocivos para el medio ambiente para trabajar con barro.

Ya estábamos reciclando cartón para los libros que están intervenidos y pintados a mano por cada uno de sus autores, y como el barrio está frente a un basural está lleno de botellas con las que hicimos ecoladrillos. Todo se fue dando y ahora podría contar un grupo de doce personas trabajado.

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Andrés Cettour y jóvenes de Shotainá, junto a integrantes de Kiva Comunidad y Editorial Legüera Cartonera.
Fuente: @shota.ina

En la cuenta de Instagram de Shotainá (@shota.ina) un pie de foto declara: «en proyecto Shotainá hacemos las cosas que amamos, no solo por necesarias sino porque esconden belleza dentro». Primero fue un libro, después un proyecto de construcción comunitaria de la vivienda para los chicos y sus familias, pero eso no es lo único importante, sino también todo lo que pasó a su alrededor, los vínculos, las experiencias y aquello que Andrés nombra como «el valor de lo propio»

— Andrés: El libro surge antes de la pandemia, pero hubo una necesidad de la gente de escucharlos. Antes de eso se vendieron 100 o 200 copias y durante la pandemia 300. Shotainá, para nosotros, es el retorno a casa, el retorno al camino esencial, que todos conocemos pero que hemos olvidado, donde la cultura nos pone vestimentas y cosas que no solo nos ocultan sino que nos hacen olvidar nuestra identidad. Esto va más allá de la cultura, tiene que ver con la esencia humana y nuestra relación con la naturaleza, con la tierra, con el viento, la lengua, las historias. Esa esencia que define nuestra forma de estar aquí.

El amor es una energía absoluta, no hay nada que lo pueda parar. Nosotros éramos locos que empezaron un proyecto desde el amor y ahora tienen respeto, con lo que significa el respeto, devuelven la mirada. No mendigar más, vender el libro. A los chicos les pareció buena la idea porque además iban a tener la posibilidad de conocer la ciudad presentando el libro, ¡su propia ciudad, en la que viven y que no conocían! Los chicos saben qué lugar se merecen, hablamos mucho sobre lo valioso que es uno.

La charla entre BaRRiletEs y los integrantes de este proyecto se dio en plena jornada de construcción, con el altavoz del teléfono encendido para que todos pudieran escuchar lo que hablábamos. Ariel Benitez e Iván Lorenzo también nos contaron sobre estas nuevas experiencias y la huella que dejan en cada uno.

¿Antes de ser parte de este proyecto, eran amigos?

— Ariel: En la escuelita nos daba clases este amigazo que me llevó a contactarme con vos ahora, que es Andrés Cettour, que gracias a él pude entrar en la secundaria también porque cumplí mi palabra de no faltar a la escuela y seguir adelante. Ahí conocí a mis amigos que son re buenas personas, gente humilde, aborígenes como yo, de Chaco como yo. Así que estoy muy agradecido porque tuvimos la oportunidad de realizar este objetivo, armar el proyecto del libro que va circulando de lugar en lugar. El coronavirus no había llegado al mundo y pudimos ir de gira presentando el libro en distintos lugares de la provincia de Santa Fe y contándole a la gente un poco de nuestra historia. La verdad que a veces no nos atrevemos a hablar en público, pero gracias al libro pudimos vencer ese miedo.

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Ariel Benitez, levanta su casa con técnicas de bioconstrucción.
Crédito fogotrafía: Pablo Aguirre

¿Qué sentiste al tener que presentar el libro ante tanta gente?

— Iván: Era la primera vez que sostenía un libro en mis manos y era mi propio cuento traducido en mi lengua. Nunca me imaginé tener un libro, es difícil de decir porque es muy importante para mí mostrar lo que hacemos. Echamos muchas raíces. Fue una emoción, fue lo más hermoso de mi vida. Es difícil de explicar porque estoy muy contento de haberlo vivido, con ese libro fuimos a todos los lugares, nos ayudó a hacer nuestras propias casas. Es la alegría de mi vida.

Se notaba en su voz, pero Andrés intervino en la conversación para comentar que Iván estaba emocionado como le sucedió el día de la presentación de Shotainá. Nos cuenta además que le puso a su hija el nombre de alguien con quien se siente agradecido.

— Iván: Mi hija se llama Amanda, porque conocimos a una chica que trabajaba en el IPAS (Instituto Provincial de Aborígenes Santafesinos) y fue la primera persona que nos ayudó, nos dio una mano, nos donó unas chapas. Nos dio un techo. Le puse ese nombre porque se merece mi hija, porque es la primera casa que construimos. Sería bueno agradecer también a Lucila, al profe Andrés, a toda la gente que nos ayudó. Amanda nos ayudó un montón, somos cinco y nos dio chapas para cada uno. Esto lo pienso todos los días, porque hemos hecho muchas actividades. Superamos muchas cosas. Cada lugar al que vamos tenemos alegrías, conocemos gente muy amable, por todo lo que pasamos hasta ahora que estamos haciendo la casa de los demás compañeros, estoy muy contento.

— Andrés: La gente te dice que todo es inviable. No es solamente darle lugar a ellos, también me dieron lugar a mí. Dentro de la docencia, en el mundo de las letras, cambió el trato, todo. Nosotros demostramos que se puede. Para nosotros es grandioso, gigante, pero también pequeño porque sabemos que hay muchas más posibilidades. Yo tenía 10 alumnos pero ellos cinco se quedaron. Ariel fue el primero que me dijo que tenía un sueño, ser locutor, y trabajó muchísimo sobre eso en las clases de Lengua. Fuimos a Mar del Plata a conocer el mar, bueno, en realidad el mar lo conoció a él. Le dije «estoy muy contento porque conociste el mar, pero estoy más contento porque el mar te conoció a vos».

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Iván, junto a su familia, frente a su casa.
Fotografía de Andrés Cettour.

Eso fue en junio y en febrero salió en un programa de radio, para lo cual trabajamos en la escuela. Con todo el empuje, caminando 25 cuadras para ir a la radio y después volver, salió y yo lo escuché. Cuando lo veo le digo «Ariel, cumpliste tu sueño» y él me dice «no, no cumplí mi sueño», «pero ¿cómo que no? ¡Si te escuché!». No, me dice, yo no cumplí mi sueño, yo ahora vivo a através de mi sueño.

Ahí me di cuenta que no solo son ellos, sino que además la lengua madre tiene una cuestión inmanente, nosotros (criollos) planteamos un objetivo, llegamos y planteamos otros, todo por fuera de uno. Pero su idioma tiene eso, si no pasa por el cuerpo no pasa, por eso ellos siguen hablando su lengu madre, porque la propia «tribu» cobra cuerpo con el lenguaje. Entonces, cambié la pregunta sobre los sueños, no les pregunté qué sueños tenían sino qué soñaban vivir, qué experiencias querían tener. Cuando empecé a hacer bien la pregunta todo cambió.

Los cinco escritores de Shotainá son Qom lla’lacpi, nacieron en el Impenetrable chaqueño, una zona llena de historias, de saberes, de experiencias en relación a las plantas y a los animales. «Profe, estamos pisando la riqueza» fue la frase que movilizó a Andrés en una de sus clases y que tomamos para además coincidir con una de las reflexiones que nos plantea, orque en cada entrega de El aborigen que llevamos dentro nos queda en claro lo que él nos explica; la exclusión, la marginalidad, la colonización y el sufrimiento ininterrumpido de los pueblos originarios desde los «inicios» de este continente no ha terminado.

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Producción de las ediciones cartoneras de Shotainá
Fragmento del Prefacio de Shotainá

«A pesar de que hoy en día los Qom consideran que ya han pasado sus tiempos más oscuros. Desde la Campaña del Gran Chaco y los trágicos eventos de Napalpi, hasta la propia actualidad, este puelo espera que una gran justicia aparezca. Pero no sólo para los pueblos aborígenes; sino para todos en esta Tierra. Así, ellos creen que todavía podemos arreglar el gran jarrón de barro de la historia con el cuenco de nuestras manos, ceen que podemos echarle mano al barro para hacer de nuestra historia una artesanía: una fuente donde al fín nos miremos y tomemos agua. Pero saben que no podemos hacer eso sin antes preguntarnos confundidos del todo, cansados de todo: ¿qué es lo que vemos aquí? Más aún, ¿quiénes somos nosotros en realidad?»

Asociación Civil Barriletes | Tapa noviembre 2020

Esta nota apareció en Revista BaRRiletes N° 230 [Noviembre 2020]

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