Hay personas que convierten el dolor en una causa colectiva y, sabemos, Taty Almeida fue una de ellas.
Ella misma contaba que antes de la desaparición de su hijo se definía como “gorila”, hasta que el terrorismo de Estado le mostró el rostro más cruel de la injusticia y la empujó a convertirse en una de las voces más firmes en defensa de los derechos humanos, de la memoria colectiva y de una sociedad más justa para todas y todos.
En Barriletes tuvimos el enorme privilegio de recibirla. No vino solo a dar un testimonio, vino a sembrar memoria colectiva, a recordar que el Nunca Más debe seguir siendo una tarea cotidiana porque los discursos de odio, el negacionismo y quienes justifican el genocidio cambian de forma y de lenguaje, pero nunca dejan de representar un peligro para la democracia.
La imagen que hoy compartimos, sosteniendo el cartel que dice “Sin medios comunitarios no hay democracia”, sintetiza una convicción compartida porque somos los medios populares y comunitarios los que, muchas veces a contracorriente, mantenemos viva en nuestras agendas temáticas y de acción la comunicación que construya una herramienta de memoria.
Nos queda su ejemplo, pero sobre todo la responsabilidad de seguir contando las historias que otros quieren borrar, seguir nombrando a los 30.000 y seguir defendiendo una democracia con memoria, verdad y justicia, todos los días.

