Que si es una mierda que sea composta

Por Ada Augello

Lo orgánico, lo verde, la acelga multicolor. Otro modo de producción. Sistemas participativos de garantías con tres patitas: productores de alimentos, consumidores y equipos técnicos. Una alternativa que nace frente a los sistemas de certificación orgánica que pertenecen a grandes empresas privadas como encuentro de las poblaciones. Una alternativa que surge y resurge para salvaguardar los ecosistemas y dar respuesta a la crisis medioambiental.

Se trata de pensar a quienes consumimos en conversación con quienes producimos en una trama de alimentos amigables para todas sus partes, desde lo local que busca tanto la salud del medioambiente como la nuestra. Es garantía del cuidado. Es, a su vez, repensar en consumo de menor a mayor escala. Quien paga los productos, con más o menos intermediarios (supermercados, hipermercados, etc.) es quien decide el porcentajes de los precios se va en transporte y en la rentabilidad de productos para quien produce a modo de agroindustria, con agroquímicos, fungicidas, pesticidas, fertilizantes y otros insumos insalubres tanto para las personas como para el medio y el entorno social donde se produce. El sentido va hacia otro modo de producción sano para la sana alimentación.

Se hace preciso pensar para hacer la agroecología como alternativa. Conversando con Martín Trigo, estudiante de la Licenciatura de Agroecología de la Universidad Nacional de Río Negro nos la definía así:

(…) para muchas personas tiene que ser entendida desde tres puntos distintos, como movimiento, como ciencia y como práctica. Es una rama del conocimiento que se basa en la ciencia y en los principios ecológicos de la ciencia, es decir, la rama de la biología orientada a la producción agropecuaria. Como movimiento, particularmente, la agroecología es un fenómeno que permitió de alguna manera a muchos pueblos y comunidades reivindicar su posición en el territorio, defender sus derechos a la soberanía alimentaria, al uso de la tierra, la tenencia de la tierra, al reconocimiento como pueblos originarios… de alguna manera acompaña a los movimientos como la vía campesina, los movimientos indígenas, los movimientos feministas de distintas partes del mundo, no sólo en Argentina, pese a que acá es tan necesario por la presencia que hay de los intereses corporativos en la producción agropecuaria. Por eso, hablar de agroecología es entenderla desde esas tres patas, como movimiento, ciencia y práctica, porque están inevitablemente relacionadas para escribir cualquier proyecto a nivel local o nacional. 

Como movimiento, práctica y ciencia, la disputa que ofrece la agroecología en el campo de las agriculturas es de gran extensión. No sólo por el modo en que se produce sino en cuanto a los principios que allí se debaten y encuentran bases contrapuestas de la estructura agraria. En ese sentido, Argentina es uno de los principales países con mayor extensión de monocultivos transgénicos en todo el mundo. Las huellas de carbono y no sólo del mismo son los causas de la crisis que atraviesan nuestros territorios, sendas para el extractivismo y la explotación. Los sembradíos solicitan y hoy reciben con costos ocultos, combustibles fósiles, cócteles de herbicidas y fertilizantes que erosionan la tierra de modo irreversible.

Frente al sobrepeso y la desnutrición como dos puntos expresivos de nuestras sociedades las producciones no son exclusivamente destinadas para la alimentación humana. “(…) sino que también son usados, por ejemplo, para producir biodiesel o alimentar al ganado que va a ser luego destinado al consumo de carne que, mucho no se aprovecha y se termina desechando.” Desde éste punto de partida, al interrogante sobre la rentabilidad y sustentabilidad de un modelo de producción agroecológico como si tal modelo fuera a cultivar las mismas cantidades y reemplazar en toneladas de kilos al modelo actual, que en parte desechados lo producido, Martín apunta a otro interrogante: preguntarse si es necesaria tal cosa. 

Eso no es sustentable, la agroecología no pretende competir por la producción o tratar de lograr tal producción. No es necesario y no es ecosistémico. Este es uno de los riesgos también, que de alguna manera las corporaciones o el capitalismo, que bien saben hacerlo, coopte ideas y conceptos para matarlos y desaparecerlos para meterlos dentro de su fantasía. La agroecología no tiene coexistir y si reemplazar a la forma actual de producción, porque la forma en se está trabajando a la tierra y tratando a los pueblos nos está llevando a una crisis ambiental que a nivel mundial ya es más que conocida. Si no se revierte ésta forma de aplicar a la tecnología directamente este ya es un problema que le queda grande a la agroecología pero que le atraviesa a todas las disciplinas, instituciones, países y a todas las personas como problema común. Hay que encontrar soluciones.

Cuando hablamos de disputas con respecto a la agronomía o al avance de otras formas de producción, hablamos de un contexto a nivel país de monocultivos de cereales de miles de hectáreas de una sola leguminosa o de una gramínea o una especie junto con un paquete tecnológico [dañino]. Todo en contraposición con una idea que es mirar las naturalezas, mirar nuestros bienes comunes, el agua, las plantas, en el entendimiento de la diversidad, el ecosistema, lo que son los ciclos de los nutrientes, las relaciones entre los ecosistemas, de qué manera se producen los alimentos o de qué manera se obtienen los materiales que necesitamos de nuestros sistemas naturales. Existe una brecha enorme. No se puede pretender suplantar y hacer lo mismo que hoy hace la producción de monocultivos o la agricultura corporativa. No se le puede pedir ese sembradío a la agroecología, esa no es su tarea. (…) La creencia va en la diversidad, las economías locales, en lo que se pueda producir de manera saludable y ecosistémica en nuestros territorios de modo más eficiente. Está en los bienes comunes con los “recursos” distribuidos inteligentemente en beneficio de todas las personas. Es una tarea social, no sólo desde un punto de vista científico. La producción es un movimiento y una práctica, todo enlazado junto, como una administración económica, como una organización social. 

Al momento de revisar los saberes de los pueblos agrícolas milenarios en los territorios y aquellos saberes que se construyen por dentro, fuera y en las intersecciones de las instituciones con las organizaciones sociales y ambientalistas resulta interesante indagar en cuál es la función del sistema educativo o qué roles cumple la educación en una posible transición hacia otro modelo de producción. Allí algunas presencias se hacen explícitas y otras dignas de su eliminación, como es la presencia de los grandes poderíos como Monsanto-Bayer firmando acuerdos con las universidades. En el caso de la Universidad de Río Negro surgía esta apreciación:

Me parece que la presencia de la universidad es una herramienta que deberíamos utilizar para la formación, el encuentro y la comunicación con otras instituciones y sitios. Creo que hay cuidarla, que de alguna manera, puede ser potenciada, mejorada y necesariamente transformada mediante la participación, para direccionarla para el lado que la mayoría quiera, que nos represente, que nos permita crecer, formarnos y encontrar luego sitios en donde aplicar todo eso que estamos aprendiendo, desarrollando, estudiando, investigando. Sea sólo en la docencia o como investigador y todo lo que eso conlleva. Es necesario estudiar y encontrar saberes alternativos a este avance de unisaberes, que también es la universidad, que hasta ahora venía con una formación como la agronomía tradicional o la formación de ingenieros agrónomos en gran parte que han sido influenciados por las grandes empresas, las grandes semilleras y los grandes dueños del campo que en este momento que actúan directamente en lo que se enseña en las escuelas y universidades, desde lo que el capital y el mercado demanda. Eso acá no pasa, mucho menos en la agroecología que busca crear esta alternativa, este estudio de los bienes comunes para transformarlos en productos agropecuarios de manera agroecológica. 

Aun así, al momento de pensar los desafíos hacia adelante aparecen vitales y fundamentales las investigaciones respecto al desarrollo de formas sustentables de producción, la modificación de los sistemas naturales para la obtención de alimentos, medicinas de la tierra, fibras textiles y toda aquello que nos es preciso para vivir. Martín enfatiza “al mismo tiempo hay que reemplazar lo que ya está, lo que está corrupto y que está deformado por los intereses de las corporaciones, del capital y de las prácticas que hasta ahora han sido dominantes sobre otras y sobre los saberes, no solamente alternativos en cuanto a los institucionales sino de saberes populares o (…). De alguna manera, toca redescubrir todo lo que se conocía para poder también elegir aquello que sea más funcional para fusionar esos saberes en nuevas maneras de producir alimentos.”

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