Lugar común, lugar comunitario

Por Hernán Hirschfeld

Aunque esté firmada con el mes de septiembre, la columna de este mes tiene dos tiempos: uno es en agosto y el otro es en este mes. Como las idas y vueltas de la escritura son también las idas y vueltas del tiempo, en esta entrega se habla de varios lugares y varios momentos que en realidad refieren a un mismo tema.

    Hoy 11 de agosto me tocó votar en la escuela Normal de Paraná, donde terminé la secundaria y es un lugar que mencioné en las primeras entregas de esta columna. De pura casualidad, la sala que me tocó para votar se correspondía con el aula donde cursé la mayor parte de mi recorrido en ese colegio. Más allá de las modificaciones edilicias de cada sala (pisos de madera renovados y la ausencia de esos bancos individuales clavados en el piso para evitar cualquier des-normalidad) ese día el aula se convirtió en cuarto oscuro. Un espacio que fue pensado y diseñado para una cosa (dar clases) termina siendo usado al menos, por un rato, para otra. Y de verdad que fue diseñada para una cosa, sabiendo que se trata de una estructura que exhala las dicotomías del proyecto sarmientino (civilización/barbarie) por los poros de su estructura física y simbólica. A lo que voy es que, con eso y todo, a pesar de la regulación y el control que tienen como herencia estos edificios, el sentido de ese espacio devino otro. Aunque siga siendo funcional a un uso protocolar, se puede pensar a lo lejos cómo se ponen en juego las identidades de un espacio con sólo cambiar alguna de las formas de su uso.

    En septiembre del 2018 aconteció en muchas dimensiones algo que en estos últimos tiempos no tuvo precedentes, y fue que las tomas en los colegios, universidades y demás espacios donde la idea de “lo público” es un supuesto domesticado, convirtieron esa domesticación en una forma de disputa a gran escala. Disputa contra las medidas de un gobierno pero también disputa contra un modo de entender las identidades de esos espacios educativos. Independientemente de la presencia física o no de ese acontecimiento, los relatos de las tomas emergieron mostrando sus estructuras de un modo des-normalizado: clases fuera de las aulas y asambleas masivas fuera de las salas de reuniones. Entre muchas otras imágenes que pueden recuperarse de ese relato, los patios de estos edificios no se quedaron exentos de esa des-normalización.

    La foto que acompaña la nota es de Mauricio Centurión y muestra el patio central de tres de las facultades de la Universidad Nacional del Litoral, de Santa Fe. Se ven los primeros días de la toma el patio que no era ya un lugar “de paso” entre una clase y otra. El octógono (llamado así por sus ocho escalinatas en el centro) se convirtió en un lugar donde se hicieron una multiplicidad de cosas aparte de las que pretende la universidad: basta googlear los cronogramas de cada día de esa toma para conocer la superficie de la extensa agenda de trabajo y organización que no llevaron sólo estudiantes y docentes, sino también agrupaciones y subjetividades que el sentido normalizado de esos edificios excluye.

    Hace unos días hablando con una amiga sobre las expresiones que aparecen cada tanto en estas columnas debatíamos sobre el significado de la expresión “lugar común”, siempre conveniente para sacarme del apuro. Esa expresión suele ser adjudicada a interpretaciones, prácticas o representaciones que son masivas en algún aspecto, ya sea por su trivialidad o por su carácter de cliché: el lugar común está en la publicidad y sus estereotipos, en lo masivo de muchos discursos (que de tan masivos a veces son reservados para grupos selectos) y en muchas formas de la industria. Pero existen otras formas también concurrentes que son lugares comunes porque aúnan una preocupación y una causa: a veces el lugar común deviene lugar comunitario.

    Este mes Barriletes cumple su primer mes de mudanza y aunque no vi aún nada del nuevo lugar, sé que su identidad se mantiene aparte de la casa nueva que pueda ocupar. Ya sea en Santo Domínguez, en la esquina de Courreges y Perú o en su nuevo lugar, el sentido de Barriletes se define por el modo en el que usa sus espacios y no al revés: la revista es una prueba de eso.

septiembre de 2019

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