Tiempos de medios

Por Ada Augello

El título deviene como elocuente asociación cuando nos detenemos a pensar en una serie de comienzos para algunos medios comunitarios, aquí en el territorio desde el cual escribo y en otros territorios vecinos, también amigos o al menos cercanos (no necesariamente geográficos sino más bien cercanamente políticos). 

Pienso que es elocuente porque habla de los contextos que saben dar lugar al emerger de los medios comunitarios, populares y/o alternativos. El campo de la comunicación es un campo estratégico de acción donde las radios y medios alternativos y contra hegemónicos no pueden no estar. Allí se traman las disputas sobre las voces que recorren los cotidianos para un gran sector de la sociedad que sostiene (en mayor o menor medida) interlocuciones con la esfera pública. Detrás de cada medio comunitario o como antesala de los mismos, se encuentra el emergente deseo de otra comunicación, de otros circuitos informativos, de otras voces y sentidos. Sentidos hacia fuera de las organizaciones y también hacia dentro, en cada discusión, en cada debate que se da hacia la producción de otras grupalidades y otras dinámicas de revisión y crecimiento. Son medios que nacen de los contextos que exigen otra enunciación posible, que se proyectan sobre otras trayectorias y bajo otros puntos de fuga, emitiéndose hacia otros mapas posibles. Mapas que se arman desde diversos puntos de vista sobre alianzas a veces más obvias, otras impensadas.

Surgidos los medios de crisis económicas, puebladas o luchas medioambientales, procesos revolucionarios, quiebres o descreimientos representativos, resistencias a dictaduras, persecuciones políticas, encarcelamientos, desapariciones, en marcos de conflictos territoriales, proyectos comunales, acampes culturales, escuelas rurales y movimientos campesinos, etc. Surgidos como trincheras del decir, de la batalla contra los gritos que no dejan trascender a los sutiles murmullos, que traen lluvia, que traen esperanza. La gran diversidad que compone a los medios del campo popular funciona como pulmón que inhala y exhala los amplios sonidos, la pluralidad de voces y las diferentes escuchas. 

El sostenimiento de la palabra –como palabra colectiva construida por las voluntades que se suman y proponen nombrar recuperándose asimismo en el propio nombrarse, se ampara en el quehacer cotidiano, en el mate humeante, en la noticia recién leída, en la conversa con el limpiavidrios y la compra de la verdura agroecológica. Acercamiento que se incuba lejos del bullicio reinante del afuera, de la invasión sonora de los hegemónicos, los masivos, los correspondientes a la perpetuidad del poder que o nos ignora y deja morir o sencillamente nos mata. Ejemplos de resistencia hay muchos, pero aquí resulta interesante nombrar dos: uno al sur de la Argentina, sobre suelo mapuche y otro sobre suelo chaná, guaraní y charrúa, donde los camalotes juntan las lenguas originarias con los cantos de los pájaros como orquestas espontáneas al amanecer y el ruido de las camionetas sponsoreadas por Monsanto-Bayer. La primera es FM ALAS, radio comunitaria que atravesando nieves, incendios y negocios inmobiliarios de grandes terratenientes a fuerza del intento de exterminio de los pueblos originarios se sostiene desde 1987. La segunda, como medio nacido en el caldo de la crisis del año 2001 como revista BaRRiletEs, tiempos de cinco presidentes por un día, helicópteros y muertos por reclamar qué y dónde conseguir para comer. Luego, haciéndose altavoz de sus letras como radio en el año 2010. Experiencias que calan profundo en el decir, en el saber crear distintos modos de habitar con otres, de verdad y de fantasía. Pienso de verdad en lo concreto de cada luz roja que se enciende al abrir el aire para atravesarlo con la palabra viva y la fantasía del deseo que nos mueve de abrazarnos cada vez que necesitemos el mimo para seguir sonando. 

Los medios comunitarios reúnen hilos políticomunicacionales de quienes frente a la censura se arriesgan a decir lo que sucede, lo que atraviesa y nos cruza en el andar. Hacen de lo que nos pasa como sociedad refugio sonoro del habla, de la música que encuentra eco. Hilos que entre nosotres no son sólo hilos, sino también nexos, puentes o canales de entrada y salida por cada uno de sus extremos. En un territorio donde el decir fue –y muchas veces es- perseguido, ahogado, exiliado o desaparecido, son las voces las que se encuentran al unísono dentro de las emisoras. Son esas otras voces no oficiales, clandestinas y/o camufladas, que resuenan como flechas buscando vibrar en los cuerpos dormidos y en rincones sordos. Frente al silenciamiento, se refuerza la libre radiodifusión de las ideas, de las distintas perspectivas y de las producciones de otros decires. Otros ejemplos son la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA) que nos nuclea desde el 2004  o la Red de Radialistas Feminista creada frente al decir desde otras posiciones y nos las impuestamente normadas. 

Las radios son una amplificación del poder que la comunidad crea y co-crea, donde se expresa sin censura pero no por eso sin discusión. La amplificación del sonido en el conversar en el aire, con el cuerpo suelto en las corrientes que lo habitan, rebotando en el éter, sonando cerquita y llegando de lejos. Conversar entre las múltiples lecturas que se comparten, rozan y cruzan entre identidades que se recuperan, construyen, arraigan y desarraigan. Aunque a veces entre y suene ruido. Sintonía de denuncias, alegrías, abrazos, encuentros y desencuentros. Son casa, nido y piolín de las palabras andariegas, desde las barriadas, ruralidades y urbanidades, entre parajes y edificios, entre ranchos y canteros hasta los oídos de quien calienta el agua en su casa, de quien pela las nueces, de quien va en colectivo, quien recién está llegando y quien recién está partiendo. 

Pasar por algunas radios de los pueblos es transitar la hermandad entre consolas, micrófonos, grabadores y equipos de trabajo sumamente heterogéneos. De una radio en un barrio de la ciudad más furiosamente grande de la Argentina a una radio pintada de azul con 31 años de presencia en el valle de un pueblo patagónico. De una radio rural y terca en la construcción comunitaria de la vida de esquilas y carneadas a una radio en el microcentro de una ciudad que parecía cómoda en su propio circuito, sin empeño en recibir nuevas voces. Todos tránsitos que afirman que a las comunicaciones las hacemos entre todes o la misma no es, no comunica, no cuenta ni suena. 

En 1983 nació la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC), también populares, alternativas, ciudadanas, participativas y libres, todas multiplicadas a lo ancho y lo largo del territorio. Identificables por sus objetivos políticos de transformación hacia otro horizonte social, de búsqueda por la vigencia de los derechos humanos, con acceso y participación de quien forje aquellas propias habilitaciones para poder decir. Personas o colectivos que no descansan en enunciar y accionar en la terquedad de sus deseos: el derecho a la comunicación como elemental, vital, a la libertad de expresión y el pluralismo, al intercambio en capacitación, a la experiencia puesta en valor y el compartir del oficio. AMARC se constituyó como un espacio de encuentro y acción colectiva para debatir y delinear los horizontes del movimiento de los medios comunitarios. Como red protagonizada por radios, centros de producción y televisoras comunitarias que la componen. Como lugar de recuperación de la política, como acción que se hace carne viva del respiro diario, la construcción de relatos que acompañan el andar y producen la alteración de lo cómodamente amoldado a los grandes poderes. Son más de 3000 medios la que la componen como red, en América Latina y el Caribe son más de 500 las asociadas de modo directo y 1500 las que se suman a través de sus redes nacionales bajo la premisa de democratizar las comunicaciones y sus alcances para democratizar las sociedades.

La Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER) es otra red existente desde 1972 como centro de formación, foro y plataforma. Se propone fortalecer a modo de enseñanza popular técnica y periodística los medios que ya se hacen a sí mismos sonar. Posada sobre el paradigma del saber popular, en cada singularidad y trayectoria vivida busca socializar y hacer parte de cada persona la dimensión de la comunicación como creación colectiva. En una América Latina que dejaba por fuera tras sus órdenes dictatoriales los sectores más vulnerables y periféricos de las grandes ciudades, un espacio nacido en el seno de radios católicas que en viraje insurgente y revolucionario de la mano de algunos avances ideológicamente zurdos se posicionó del lado de quienes resultaban excluides, en clave de organización social para la estructura de los países Latinoamericanos en un contexto donde las formas humanitarias para la gestación de sociedades más justas e igualitarias se hacía presente.

Son, por esto y aún más, vitales para el cotidiano no sólo los espacios comunitarios, sino aquellos que tejan alianzas y sepan hacia fuera nombrar y nombrarse. Distintos, combatientes, disidentes. 

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