¡Planificación y control para las antenas de Telecom! Crónica de la organización y resistencias de vecinos y vecinas del barrio Santa María del Rosario

Por María Paula Armándola*

De repente, luego de un fin de semana lluvioso, la estructura de una antena de telecomunicaciones de la empresa Telecom fue montada dentro del predio del Club Instituto en el barrio Santa María del Rosario ¡Con 45 metros de alto era imposible no verla! Esto terminó de alertar a la comunidad, que se preguntó una vez más: ¿qué estaba pasando en el barrio?

Los vecinos nos comenzamos a conectar y las aparentes distancias que había entre nosotros comenzaron a achicarse. El diálogo comenzó a fluir y los saludos educados y distantes pasaron a ser conversaciones interesadas en torno al futuro de nuestro barrio. Así, empezamos a organizarnos para reclamar por nuestros derechos, frente a los peligros que acarrea una estructura como esa para todas las personas.

Apareció la antena

En la segunda quincena de diciembre 2018, distintas empresas contratadas por Telecom comenzaron una obra en el barrio Santa María del Rosario, más precisamente en el predio del Club Atlético Instituto. La vecinal está ubicada al sur-este de la ciudad de Paraná y perimetrada por las calles Gobernador Enrique Mihura, Gobernador Eduardo Tibiletti, Gobernador Faustino Parera y Hernandarias. Es un barrio mixto, con una gran juventud porque hay muchas familias que con esfuerzo han proyectado y consolidado su casa para echar raíces y criar allí a sus hijos. Asimismo, en la barriada habitan personas desde hace más de 30 años. En ese lugar está la Escuela “Santa María del Rosario”, ubicada frente al Club Atlético Instituto y el Hogar de niños “Ángeles Custodios”.

En el momento en que nos preparábamos para despedir el año y recibir el verano, los vecinos, curiosos por los movimientos ajenos a la cotidianidad barrial, nos acercamos a preguntar de qué se trataba todo ese trajín. Cada vecino obtuvo una respuesta distinta. Algunos, que se iba a instalar una torre de iluminación para la cancha del club. Otros, que se estaba trabajando para mejorar el barrio. Otros que se estaba zanjando para la cloaca.

Y de repente, luego de un fin de semana lluvioso, la estructura de una antena de telecomunicaciones de la empresa Telecom fue montada dentro del predio del Club Instituto. ¡Con 45 metros de alto era imposible no verla! Esto terminó de alertar a la comunidad, que se preguntó una vez más: ¿qué estaba pasando en el barrio? Los vecinos nos comenzamos a conectar, de repente las aparentes distancias que había entre nosotros pasaron a achicarse. El diálogo comenzó a fluir y los saludos educados y distantes empezaron a ser conversaciones interesadas en torno al futuro de nuestro barrio. El primer paso fue conocernos, intercambiar opiniones e ideas. Ahora teníamos algo más en común: una preocupación.

Decidimos reunirnos en asamblea y la conclusión fue que se debía hablar con los directivos del Club para saber a ciencia cierta qué era lo que pasaba. Erick, un joven vecino, fue quien organizó la esperada reunión de donde surgieron muchas incógnitas. Luego de eso, nos enteramos de que el Club Instituto arrastraba años de mala gestión y desorganización administrativa, y esto lo había llevado a tener una mala situación económica. Entonces, los directivos firmaron un contrato con Telecom a fin de alquilarle cien metros cuadrados del predio para colocar una antena, con el objetivo de hacerle frente a la crisis económica que atenta con los objetivos sociales de la institución deportiva. En dicho contrato, el Club se comprometía a cederles el espacio requerido para la instalación de la infraestructura y Telecom a gestionar todas las habilitaciones pertinentes ante la Municipalidad. Pero lo que pasó en realidad es que la empresa no realizó ningún trámite. Tampoco hizo un estudio de factibilidad, ni sometió a control la estructura que había montado. En pocas palabras, no respetó la ley y menos aún a nosotros como personas sujetas de derechos.

Relación con el Club

Frente a este escenario, los vecinos reaccionamos de distintas maneras. Algunos vecinos nos alertamos al ver modificado nuestro paisaje. Otros nos asustamos por las consecuencias en la salud que sabemos que estas tecnologías producen. Otros nos molestaron por el atropello de las mentiras. Otros nos preocupamos por la infraestructura montada sin control de la autoridad pertinente. Y muchos sentimos un poco de cada cosa al mismo tiempo. Hasta que nos manifestamos ante las autoridades del Club.

De un lado, los vecinos al principio estábamos muy movilizados y eufóricos, prácticamente a la defensiva y sin querer dar el brazo a torcer. Y del otro, las autoridades del Club estaban dispersas: una parte quería seguir adelante en busca del dinero, sin que nada importara, y otra parte escuchó y empatizó con los vecinos. Aunque fue costoso armonizar la relación entre la institución deportiva y los vecinos, a partir del diálogo y la consideración del bienestar de la comunidad pudimos ponernos de acuerdo. La decisión para determinar qué estaba pasando fue: organizarse, informarse y luego decidir qué hacer.

Organización, información y defensa de las ordenanzas vigentes. Articulación con más vecinos

Los vecinos nos organizamos mediante un grupo de whatsapp y empezamos a reunirnos casi todos los días a conversar. Además, ante la falta de la reacción favorable que esperábamos por parte de la comisión directiva del Club y, más aún, ante el avasallamiento de la empresa telefónica, decidimos finalmente hacer una guardia permanente de 24 horas frente al Club para saber fehacientemente qué estaba pasando e impedir la conexión ilegal de la antena.

Uno de los vecinos llamó a la Asamblea Ciudadana Vecinalista de Paraná, cuyos integrantes se sumaron en la articulación y coordinación de las acciones para defender los derechos del barrio. Así fue que en los últimos días del mes de diciembre de 2018 se realizó una reunión informativa, abierta y gratuita en el predio del Club Instituto. A esta reunión, organizada de manera colectiva, asistieron más de 100 personas y estuvo a cargo del bioingeniero Esteban Rossi. A partir de ese encuentro, surgieron las siguientes conclusiones:

· Las telecomunicaciones tienen incidencia en el medioambiente

· Los vecinos debemos trabajar unidos para defendernos

· El Estado está ausente

· Falta planificación y regulación e información a nivel local, provincial y nacional

· Se deben realizar estudios científicos locales y tenemos el capital humano para poder hacerlo

Gestiones y obtención de información

Con el correr de los días, tras diversas comunicaciones entre el barrio y el Club, este último reconoció su función social y establecimos un compromiso por parte de los vecinos para que, si se sacaba la antena, todos colaboremos con ello. El presidente del Club, mediante debate con la comisión directiva, rescindió el contrato de modo fehaciente con una carta documento.

La lucha continuó en otras instancias y por ello obtuvimos una reunión con Carlos Bilbao, el Secretario de Telecomunicaciones de la provincia de Entre Ríos. Bilbao nos informó que definitivamente esa infraestructura no contaba con las habilitaciones necesarias para su colocación y que la autoridad de aplicación de la Municipalidad de Paraná era la Subsecretaría de Planeamiento.

El 9 de enero, ya en pleno verano, realizamos una reunión con el ingeniero Marcelo Dellepiane, Subsecretario de Planeamiento de la Municipalidad, en la cual le informamos de la situación de estado de guardia de los vecinos, de los resultados de la reunión con el Secretario de Telecomunicaciones de la provincia, y de la rescisión del contrato por parte del Club. Le pedimos por escrito la constancia de que la obra fue detenida por la Municipalidad y que constaba con las autorizaciones pertinentes. Efectivamente, Telecom no tenía las autorizaciones pertinentes. El Subsecretario nos dio la nota pedida y nos comunicó que la situación fue pasada al Juzgado de Faltas.

Ese mismo día, 9 de enero, realizamos asimismo una manifestación frente a las oficinas de Telecom, donde regalamos más de 200 flores donadas por un vecino a los peatones que pasaban. Las flores llevaban un cartelito que decía: “Que las flores NO sean para el cementerio. Planificación y control para las antenas de Telecom”. Con ruidos y megáfonos intentamos llamar la atención y despertar conciencia en el resto de la comunidad paranaense.  (Destacar)

Sentencia y desmantelamiento

Toda esta causa se encontraba en el Juzgado de Faltas de la Municipalidad. El Club ya había rescindido el contrato con justa razón y los vecinos seguíamos haciendo guardia, controlando que Telecom no pusiera en funcionamiento la antena. Hasta que llegó el día 13 de febrero de 2019, en que la sentencia resuelta por el Juzgado fue la esperada y decía:

Resuelvo: Intimar al Club Atlético Instituto, por el término de 20 (veinte) días corridos, a desmantelar y/o desarmar la antena que se encuentra emplazada en su predio de calle Ovidio Lagos n.º 1426, bajo apercibimiento de LEY y demás sanciones que pudieran corresponder.

Cuando el Club se encontró con la sentencia de que era él mismo quien debía desmantelar la antena, notificó a la empresa de telefonía y le pidió que se llevara su estructura, en un plazo determinado inferior al que le había dado el juez. Telecom nunca contestó a este pedido, por lo que el Club tuvo que cumplir con la sentencia como correspondía. La antena fue desmantelada y actualmente se encuentra recostada en el predio del Club Instituto, ocupando un espacio que se necesita para realizar las actividades deportivas.

La reacción final del barrio fue positiva. Vivimos una crisis que supimos transformar en una oportunidad para construir sociedad. Fue una experiencia de altos y bajos en relación a lo anímico, a la confianza, a los aportes desinteresados, pero con resultados beneficiosos para todos desde diversos puntos de vista. Por un lado, logramos resolver el problema que teníamos en nuestra comunidad. Por otro, el proceso de organización partiendo de un objetivo común nos llevó a fortalecer los vínculos entre vecinos y conocer personas cercanas que desconocíamos.

Actualmente hemos dado un paso más como sociedad. Esta experiencia nos llevó a generar vínculos necesarios para construir comunidad. Hoy profundizamos las conversaciones en problemáticas comunes que afectan la vida de todos nosotros y tenemos una experiencia de aprendizaje que nos indica que el trabajo en equipo es lo que nos llevó a tener los resultados esperados. Aprendimos que cada uno tiene una especialidad y que si todos ponemos nuestro granito de arena podemos formar el castillo que anhelamos para nuestro barrio. Aprendimos que todos y cada uno de nosotros es una estrella en el cielo y que si alguno de nosotros no hubiese hecho lo que hizo no sabemos si hubiésemos llegado hasta acá. 

Sin duda fue difícil, el oponente era una multinacional tremendamente poderosa, y eso fue lo que nos enseñó que la unión hace la fuerza. Hoy seguimos comunicados por whatsapp, enfrentando problemas como la inseguridad y la falta de servicios. Nuestros próximos pasos son conformar la comisión vecinal y seguir trabajando para que el bien común que tanto deseamos se haga realidad. 

*Mi nombre es Maria Paula Armandola y soy paranaense. Estudié una licenciatura en administracion, hice un master en managament y un magister en políticas públicas. Soy directora del Centro de Estudios Inmobiliarios. Y también, autora y gestora de “Entre Ríos entre Arroyos” que es un modelo de ordenamiento y desarrollo territorial sustentable.

Las telecomunicaciones y el impacto en la salud (Por Esteban Rossi) (Esto iría en un RECUADRO 1 aparte)

El uso de teléfonos celulares creció exponencialmente en los últimos años en todo el mundo, impulsado por una fuerte campaña publicitaria, la proliferación de accesorios integrados a los mismos como cámaras fotográficas, filmadoras y reproductores de música y video. A esto también se le sumó una creciente y diversa cantidad de aplicaciones de software que hacen del celular un artículo omnipresente en la vida de las personas. En Argentina, según el documento “Informes Técnicos INDEC Nº 167/2016”, el 80% de las personas mayores de 4 años tienen acceso a celulares. Particularmente en Entre Ríos, y de acuerdo a los considerandos del Decreto Reglamentario Nº 3740 de la Ley N° 10.383/2015, hay 12 líneas telefónicas cada 10 habitantes.

Este nivel de uso de celulares y la infraestructura de antenas expone a la población a niveles de radiación electromagnéticas que preocupa a quienes son consciente de ello, por su potencial impacto en la salud, y en particular a los vecinos de la ciudad de Paraná y Paraná Campaña que tienen instaladas en su barrio antenas de telefonía móvil y son usuarios intensivos del celular. Desde las empresas de telefonía y de parte del Estado se promueve la instalación de antenas, y la ciudadanía en general hace uso del celular como si fuera una tecnología totalmente inocua, aún cuando la Organización Mundial de la Salud en 2011, a partir del informe 102 de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC -en inglés-), ha clasificado los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como posibles cancerígenos para los seres humanos (Grupo 2B).

Esta conclusión está basada en un mayor riesgo de glioma, un tipo de cáncer cerebral maligno, asociado con el uso de teléfonos móviles. También existen científicos reconocidos a nivel mundial por la rigurosidad de sus investigaciones, como Lennart Hardell, Alexander Lerchl y Thomas Tillmann, que están recomendando a la IARC subir la clasificación de riesgo para la telefonía móvil de 2A (Probablemente Cancerígeno) a 1 (Cancerígeno). En el reporte Bioinitiative, accesible en el sitio web: https://bioinitiative.org, 29 científicos independientes y expertos en salud de todo el mundo analizan, en más de 1800 nuevas publicación desde 2007 a 2012, los posibles riesgos de las tecnologías inalámbricas y los campos electromagnéticos y allí se reportan efectos biológicos como: aumento del estrés oxidativo celular, genotoxicidad, aumento de permeabilidad de la membrana hematoencefálica, disminución de movilidad en espermatozoides y otros efectos que presumen un riesgo para los sistemas biológicos en general y en particular, la salud humana.

En Argentina, los límites máximos de exposición a las radiaciones electromagnéticas se establecen en la Resolución 202/95 del ex Ministerio de Salud. Los límites protectivos de esta resolución están basados en el modo de uso de los teléfonos móviles y la información científica que estaba disponible hacia el año 1995, y solo contempla efectos térmicos sobre los seres vivos. Es innegable que la proliferación y el modo de uso de la telefonía móvil hoy en día es muy distinta si la pensamos en relación al año 1995. Si a esto le sumamos las voces de alerta de numerosos científicos en todo el mundo respecto de los efectos biológicos negativos sobre la salud, y que éstos se acrecientan por acción acumulativa a la exposición de estas radiaciones, es indiscutible la necesidad de generar espacios de información y debate, gestar nuevas líneas de investigación científica en relación a estas tecnologías y repensar la legislación vigente.

Un barrio gravemente amenazado por las irradiaciones (Esto iría en un RECUADRO 2 aparte)

Al momento de cerrar esta nota, en Barrio Adentro (el programa informativo de Radio Comunitaria Barriletes) nos anoticiábamos de que otro grupo de vecinxs, esta vez del Barrio Corrales de nuestra ciudad, se encontraba profundamente alarmado por el intento de instalación de una nueva antena de telecomunicaciones. En diálogo con Gabriela Jacobi, una de las lugareñas, pudimos conocer más de esta problemática.

En julio de 2018 se instaló una antena en una cortada llamada Diagonal Corrales que queda en la esquina de calle Alejandro Carbó y Avenida Almafuerte. La antena, perteneciente a Torresec Argentina SA, estaba disfrazada como si fuera un cartel luminoso, pero cuando lxs vecinxs empezaron a escuchar el ruido que emite el funcionamiento inmediatamente se alarmaron y se movilizaron.

Pasado casi un año ya del emplazamiento de esta antena de 15 metros de altura, lxs habitantes de las inmediaciones del lugar comenzaron a padecer desde enfermedades gastrointestinales a trastornos en el sueño y en el humor. “Hasta hay vecinos que ya han sido operados en el transcurso de un año de las glándulas de tiroides. Personas que ahora sufren constantemente de cefaleas bastante graves o problemas de presión arterial. Hasta casos de cáncer recién despiertos, cuestiones que en el transcurso de un año para atrás no sucedían”, relató con preocupación Gabriela.

“A raíz de eso nos empezamos a movilizar, a contactar y a enviar notas. Ya que anteriormente pudimos sacar una antena del Club Instituto que estaba a punto de instalarse, dijimos que la queríamos afuera a esta también. Nos empezamos a reunir con el ingeniero Esteban Rossi, con el abogado Leonel Pannoni, y nos informaron que estas antenas producen consecuencias realmente graves en la salud. Hicimos movilizaciones donde presentamos una nota de denuncia ante el Juzgado de Faltas de la Municipalidad. Mientras tanto –aseguró Gabriela Jacobi– hay un señor que está cobrando alrededor de 100 mil pesos mensuales porque la antena está instalada en el fondo de su casa. Él no vive ahí, sino en el centro de la ciudad y se burla de los vecinos de Corrales, los agrede, los insulta. Dice que total él no vive ahí y por eso no lo irradia”.

Mientras la comunidad lucha por proteger su derecho a la salud y a un ambiente sano, la empresa Argentina Telecom Infraestructure Solutions (Atis Group) presentó el 28 de febrero de 2019 una nota a la comuna donde solicita la autorización para localizar y construir una nueva antena de celulares a metros de la que se encuentra en la esquina de Carbó y Almafuerte, pero esta vez con la monstruosa altura de 24 metros. “Nosotros estamos al tanto de que estas antenas no cuentan con la habilitación correspondiente ni tienen los estudios ambientales realizados. Por lo tanto, las antenas que se encuentran en estas condiciones tienen que ser eliminadas. Cuando nos enteramos de que hay una antena pedida para la misma cuadra, nos alarmamos, por supuesto”. 

Gabriela Jacobi compartió su indignación, que es la misma que hoy sienten muchxs ciudadanxs: “Es un avasallamiento de nuestros derechos, una humillación y una falta de respeto. Los vecinos estamos muy preocupados y encima nos quieren instalar otra. Esta antena está instalada a 40 metros de la Escuela López Jordán que tiene turno mañana, tarde y noche y donde asisten cientos de niños y adolescentes. Cerca de allí está el Centro Comunitario N.º 12 que tiene capacitaciones especiales para niños con diferentes problemáticas, además de talleres de alfarería, pintura, manualidades, herrería y carpintería para los vecinos. A pocos metros hay una escuela para personas sordas y también el CGE está construyendo un polideportivo. Además hay un centro de salud al que asisten todos los vecinos del barrio. Todo esto ocupa un radio de menos de 100 metros donde quieren tener funcionando dos antenas de telefonía, sabiendo que sus radiaciones producen graves consecuencias para la salud”.

Debido a esta situación, quienes viven en el barrio Corrales realizaron el viernes 12 de abril de 2019 una manifestación pacífica informando a lxs vecinxs lo que significa tener una antena de estas características instalada cerca de su domicilio. “Porque por ahí la gente no las rechaza porque desconoce las consecuencias para la salud. Queremos informar a la comunidad y que sí o sí a estas antenas las saquen. No queremos vivir angustiados y preocupados por lo que nos puede pasar a nosotros, a la salud de nuestras familias, y de nuestros niños”, concluyó Gabriela.

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